Colabora Álvaro Valenzuela - Periodista

El año 2013 hice un Magister de Periodismo en la PUC y el diario El Mercurio. Uno de los talleres de aquel curso lo impartió la famosa escritora y periodista argentina Leila Guerriero. Ella nos pidió como tarea hacer un texto corto que tuviera las instrucciones para nuestro futuro funeral. Me pareció un gran ejercicio porque te hacía reflexionar acerca de tu vida y como impacta en las demás personas. También te hacía darte cuenta del egoísmo del ser humano al tratar de seguir presente en el mundo dando ordenes incluso una vez fuera de este. 

Esto fue lo que yo escribí en ese entonces:

Instrucciones para mi funeral

Mi primera petición se repite en los estadios de fútbol cada fin de semana: “Cuando me muera/ yo quiero que mi cajón/ sea azul y blanco/ como mi corazón”.  Si no encuentran uno con esos colores al menos que le pongan una bandera de la Católica encima al ataúd. 

Ojalá lean máximo tres discursos durante el funeral y que sean breves. Si son lecturas de textos no podrán tener más de una página de extensión. Poemas, crónicas, chistes, anécdotas o canciones. Lean lo que quieran.

No digan que fui un santo. Destaquen mis defectos y no sólo mis cualidades. Bromeen con mis manías y cuenten alguna situación vergonzosa por la que pasé. 

Si hay música ojalá pongan una de los Ramones. “Pet Sematary” me parece una atinada elección, la letra calza con la situación. A mis hijos, si es que tuviese para el día de mi muerte, les digo que poner un cliché como “Mi Viejo” de Piero, me parece una gran idea. Me gustan esos lugares comunes y la canción me emociona. 

Un coro, grupo musical o alguna persona con algún instrumento puede ser una linda inversión para mi funeral. Si se ofrece un artista voluntariamente le estaré agradecido desde el más allá. 

Si muero en verano no permitan que las personas vistan formal ni de negro. No es necesario que sufran de calor por una tradición banal. Si llueve compartan los paraguas.

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